Mayo trajo consigo un desafío profundo en el seno del hogar: el reto de acompañar y educar en la etapa de la adolescencia. Hace dos o tres décadas, la formación descansaba principalmente en el vínculo directo entre el hogar y la escuela. Hoy, el panorama es radicalmente distinto; la sociedad, la cultura del entorno y un sinnúmero de factores externos ejercen una presión constante sobre el corazón y la mente de nuestros hijos.

Educar en estos tiempos demanda una dependencia absoluta de Dios. En medio de momentos de tensión y vulnerabilidad junto a mi hija, la voz de las Escrituras se convirtió en nuestro único ancla. Recordé con fuerza la postura de Job cuando fue confrontado: «¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?» (Job 2:10). Reconocer la soberanía del Señor significa admitir que nada escapa a su permiso, y que su fidelidad no solo brilla en los días soleados, sino también cuando la dificultad toca a nuestra puerta.

Allí comprendí con mayor lucidez lo que declara el Salmo 127: «Si Jehová no guarda la ciudad, en vano vela la guardia». Por más que como padres vigilemos, advirtamos y busquemos tener el control, nuestra propia vigilancia es insuficiente si no es el Señor quien cuida el hogar.

En los días de mayor agobio, nos aferramos a la promesa de Isaías 26:3, descansando en que Él guarda en completa paz a quienes perseveran con la mente fija en Su fidelidad. Comprendimos que a veces Dios permite sacudidas, silencios o la pérdida aparente de algo para revelarnos su grandeza; nos hace ver que lo que en el momento dolió como una pérdida era, en realidad, Su mano misericordiosa guardándonos de males mayores e incluso preservando la vida misma.

Mayo no fue un mes fácil, pero fue el mes donde experimentamos que, cuando las fuerzas humanas de una madre se agotan, el cuidado soberano de Dios toma la posición para sostener y restaurar a la familia.

Reflexión para el lector

Para meditar hoy: En los momentos de mayor desafío familiar, ¿estás intentando proteger tu casa únicamente con tus fuerzas y tu control, o estás descansando en el Dios que vela y guarda lo que más amas?

About The Author

Por Kathia Camarena Mendoza

Mujer con la firme convicción que nada ocurre por casualidad, he decidido #Valorar cada latido que Dios me permita vivir con pasión y entrega.

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