Aunque el anuncio del viaje llegó de forma inesperada a mediados de enero, febrero se convirtió en el tiempo de asimilar el milagro y ver cómo la providencia divina se manifestaba en cada trámite logístico. Todo comenzó durante una visita a una gran amiga para entregarle un proyecto de trabajo. Al compartirle mi fe y las vivencias de los primeros días del año, ella me confesó con certeza: «Desde el año pasado he sentido en mi corazón regalarte unas vacaciones». Al principio imaginé un viaje al interior del país, pero la invitación superaba mis expectativas y mi presupuesto: era un viaje fuera de Panamá, con destino a Colombia, junto a mi hija. Asimilarlo no estuvo exento de inquietudes. Para gestionar la salida del país de mi hija, el padre naturalmente hizo las preguntas lógicas: «¿Con quiénes van? ¿A dónde irán?». Eran respuestas que yo misma no tenía claras en ese momento; solo alcancé a responder con tranquilidad: «Iremos a los lugares que mi amiga nos recomiende, sitios que ella ya conoce y donde nos sabrán orientar». Días después, al reunirme con ella para ultimar detalles, Dios volvió a quebrantar mi corazón de gratitud. Con una generosidad desbordante, me entregó los recursos necesarios para cada gestión: pasaportes, permisos y gastos del viaje. Pero el detalle que me desarmó por completo vino con sus siguientes palabras: «Para tener paz de que estarán bien en un país ajeno, ya que yo no puedo acompañarlas, les contraté un guía turístico». Las lágrimas rodaron de inmediato. Era Dios respondiendo a los temores silenciosos de una madre y a la legítima preocupación de un padre. Él se adelantó a decir: «Mis hijas no estarán solas; estarán protegidas y guiadas». Esa semana en Bogotá fue sencillamente extraordinaria. Aunque el guía nos comentó que semanas atrás y los días previos las lluvias habían sido torrenciales e incesantes, Dios nos regaló un clima impecable durante toda la estancia. Una confirmación más de que, cuando un plan nace en el corazón de Dios, Él cuida de la seguridad, de los recursos y hasta de los cielos que te cubren. Reflexión para el lector Para meditar hoy: ¿Qué trámite, viaje o situación incierta te está robando la paz hoy? Recuerda que Dios ya preparó la provisión y los guías que necesitas para caminar en total confianza. About The Author Kathia Camarena Mendoza Mujer con la firme convicción que nada ocurre por casualidad, he decidido #Valorar cada latido que Dios me permita vivir con pasión y entrega. See author's posts Navegación de entradas Expectantes a sus detalles: cuando cierras ciclos y Dios confirma el camino «Mamá, ¿y el viaje?»: la paz de Dios frente a la incertidumbre