Gratitud por las puertas abiertas.
Gratitud por las puertas cerradas.
El ciclo de aprendizaje de este 2025 se resume en una sola palabra: Gratitud
Este año trajo consigo muchas oportunidades. Algunas se presentaron con claridad, otras parecían imposibles desde la distancia. Pero recuerdo un momento muy especial: frente al mar, en mi ciudad natal, elevé una oración a Dios. Le pedí dirección para cada uno de los 365 pasos que tenía por delante. Y como respuesta, me regaló una promesa que se volvió ancla para mi alma y la de mi familia:
“Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26)
Nos aferramos a esa palabra. Caminamos con fe, no por vista. Y hoy, desde la línea de meta, puedo decir con certeza: Dios fue fiel.
Las puertas que se abrieron nos llenaron de gozo. Pero las que se cerraron… esas también fueron respuesta. Fueron misericordia. Fueron protección. Fueron amor disfrazado de espera o de “no”. Aprendimos que no caminamos por nuestras fuerzas, que cada paso seguro es porque vamos tomados de Su mano.
Este año no se mide solo en logros, sino en latidos. En cada respiración que nos recordó que estamos vivos, sostenidos, guiados.
Valoramos cada latido porque cada uno fue una oportunidad para confiar, para crecer, para rendirnos y volver a empezar.
Gracias a quienes caminaron con nosotros. Gracias a quienes oraron, alentaron, creyeron.
Y gracias a Dios, por enseñarnos que incluso en el silencio, Él sigue hablando.
Hoy celebramos no solo lo que logramos, sino lo que aprendimos.
Porque en cada puerta abierta y en cada puerta cerrada, Él estuvo allí.

